MAÑANA ES EL FIN DEL MUNDO

ESTACIÓN SUFRAGIO

Adalberto Carvajal

Me gustaría que ese mago de la comunicación política que ha demostrado ser Andrés Manuel López Obrador a lo largo de su vida pública, hubiera aprendido de la experiencia del 2006 y desarrollado una estrategia para contrarrestar los efectos de una campaña negra como las que suele desatar Felipe Calderón, ese otro brujo pero de las fake news.
En una entrega anterior criticamos la resistencia de los medios a contrastar la desinformación que circula en las redes sociales con la información oficial, justificándose en la falsa idea de que objetividad periodística es dar el mismo peso a versiones encontradas, aunque la otra “verdad” no sea verificable.
Pero también cuestionamos que la estrategia de comunicación gubernamental se limite a las dos conferencias en Palacio Nacional, la mañanera y la nocturna a cargo del subsecretario López-Gatell, cuando el aparato de desinformación de la derecha recurre a los más ingeniosos voceros para imponer su narrativa catastrófica.
El Ayuntamiento de Manzanillo alcanzó a anunciar que dejaría de dar atención al público siguiendo la pauta del gobierno federal, antes de descubrir que la supuesta instrucción oficial de la 4T provenía de una fuente falsa.

POSVERDAD NO ES VERDAD

En los comicios que le robaron a López Obrador, la fachada para encubrir el fraude electoral de 2006 fue propaganda clásica:
“Es un peligro para México”, cuyo triunfo significaría “la venezolanización de México”, se dijo de él. Y qué pensar de la siguiente patraña: en un país donde se confía tanto en el órgano electoral y se respeta la investidura presidencial, cómo se atrevió Andrés Manuel “a mandar al diablo las instituciones” o espetarle a Fox su “¡ya cállate, chachalaca!” Fue simple coartada para la alquimia electoral.
Pero lo que estamos viendo ahora es la aplicación de un modelo distinto de propaganda, la posverdad. Según Wikipedia (ya sé que no es una fuente acreditada académicamente, mas para este caso vale):
“Posverdad o mentira emotiva es un neologismo que describe la distorsión deliberada de una realidad en la que los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales, con el fin de crear y modelar la opinión pública e influir en las actitudes sociales”.
“En cultura política, se denomina política de la posverdad (o política posfactual) a aquella en la que el debate se enmarca en apelaciones a emociones desconectándose de los detalles de la política pública y por la reiterada afirmación de puntos de discusión en los cuales las réplicas fácticas ―los hechos― son ignoradas”.
La posverdad, apunta Wikipedia, difiere de la tradicional disputa y falsificación de la verdad, dándole una importancia «secundaria». Se resume como la idea en «el que algo aparente ser verdad es más importante que la propia verdad».

A QUEDARSE EN CASA

Lo que aparenta ser verdad es que la Cuarta Transformación está pasmada ante la emergencia médica. Eso no es cierto. Es tan falso como asegurar que López Obrador le pidió a la gente protegerse de la epidemia con amuletos, o que el Subsecretario dijo que es mejor esperar a que haya muchos contagios antes de cerrar una escuela.
La situación no se ha salido de control, por más que insiste la derecha en crear pánico apelando al miedo ancestral que le tenemos al fin del mundo: “¡Vean como estamos en Italia, hermanos mexicanos!”, clama una supuesta víctima en sus redes sociales. “Aprendan de los españoles, ¡quedaos en casa!”, suplica otra.
Muchos medios se resisten a hacer un análisis serio del ritmo en el que se han ido dando los contagios en México. Aquí no está evolucionando la pandemia como si fuera una calca de los que ocurrió en Lombardía. Cada región contaminada ha tenido una situación particular, y el plan de contingencia debe responder a ella.
Para la historia universal de la infamia quedarán tanto la noticia falsa del primer deceso de Covid-19 en México, destacada porque se trata de un connotado empresario, como el desdén informativo a quien sí resultó el primer caso mortal.
Por lo demás, López Obrador está empeñado en no repetir los errores que cometió Calderón con el manejo de la influenza en 2009. Y sólo quienes no viven al día, quienes tienen un patrimonio o un trabajo con salario asegurado, no entienden lo que implicaba adelantar medidas de aislamiento social más allá de lo estrictamente necesario.
Lo dijo bien la jefa de Gobierno de la Ciudad de México: medidas tan drásticas como las que se aplicarán a partir de la declaratoria de la fase 2, no se podían anticipar innecesariamente porque afectan la economía de las familias.
Como reconoció Claudia Sheinbaum, hay que bajar la curva de contagio. Por eso, a partir del 21 de marzo (no una semana antes, como ordenaron otros mandatarios estatales interesados en exhibir al Presidente) se le está pidiendo a la población general que se quede en casa.
Ahora la corrección política manda quedarse en casa para cortar la cadena de transmisión. Pero lo que se presenta como un llamado a la conciencia ciudadana esconde un sustrato clasista.
Salvo el gobernador de Jalisco, nadie se desgarró las vestiduras porque los empresarios que se fueron a esquiar a Vail, Colorado, no guardaron la cuarentena pese a provenir de un lugar epidémico, y terminaron dispersando el virus entre sus empleados, amigos y familiares. Por el contrario, las redes están llenas de señalamientos a esos ‘nacos’ que se quieren ir a la playa en Semana Santa, poniendo en riesgo la salud de los demás.

PAGUE HOY, COMA DESPUÉS

También el fascismo se disfraza de civismo. Usar la fuerza pública del municipio capitalino para desalojar las calles, cuando en el estado de Colima sólo teníamos un caso importado pero todavía no contagios comunitarios, más que precaución fue represión a taxistas y vendedores ambulantes que –a diferencia del alcalde Leoncio Morán– si no trabajan, no ganan.
El caso más triste de lo que supuso la desinformación ante las acciones de aislamiento social que anunció echaría a andar el Gobierno del Estado días después de que se firmara el decreto, son los restauranteros de la capital.
La suspensión de actividades se ordenaría alrededor del 21 de marzo, coincidiendo con los picos de contagio detectados por el gobierno federal, de la Ciudad de México y de Jalisco, pero los industriales de alimentos condimentados y sus clientelas no entendieron cuándo iniciaba el plazo.
Aunque la autoridad estatal no ordenó el miércoles 18 el cierre de negocios, para el viernes las ventas habían caído 80% según informó el presidente local de la Canirac. Esto en buena medida porque los colimenses asumieron que su restaurante favorito estaría cerrado al público y, también, porque muchos expendedores de alimentos –sobre todo del sector social– no trabajaron al suponer que serían objeto de sanciones, creencia alimentada por la fuerza pública municipal que se dedicó a hostigar a varios de ellos.
Alarmados por lo que implica para cocineros, meseros y garroteros, para el personal administrativo y de servicios, el cierre de sus establecimientos por al menos dos semanas, los empresarios restauranteros anunciaron un programa solidario de bonos gastronómicos: pague hoy, coma después.
Sin embargo, perdieron la oportunidad de lanzar una campaña de ventas en las modalidades que en inglés se conocen como delivery (entrega a domicilio) y drive thru (autoservicio). Ni siquiera tienen que disponer de una fuerza de reparto propia, pues en Colima hay al menos dos aplicaciones: Uber Eats y Rappi.
Los industriales de la comida no pueden resignarse a parar dos semanas, porque a estas seguirán las dos (Santa y Pascua) del periodo vacacional en el que las ventas para este sector en la zona metropolitana decaen tradicionalmente, ya que el consumo se traslada a los puntos turísticos del estado. A ese paso, la mayoría de los restaurantes podrían desaparecer.
Mejor informados que sus similares en la ciudad de Colima, los empresarios y emprendedores de Villa de Álvarez abrieron al público, con mesas separadas o servicio únicamente para llevar. La lonchería de Tavo, por ejemplo, sólo dejó una mesa en el portal y cinco bancos disponibles al interior. Pero muchos comensales que vieron dos de las tres puertas bloqueadas con el mobiliario, creyeron que el local no estaba operando y siguieron de largo. En otro de los municipios metropolitanos, Don Comalón abrió sus puertas y no le faltó clientela.