La UdeC, inicia el fuego

PARACAÍDAS

Rogelio Guedea

 

 

Con el argumento de ponderar en las instituciones la transparencia y la rendición de cuentas, hace unos días el diputado Vladimir Parra (que, por cierto, no ha sido nada transparente en cuanto a la rendición de sus propias cuentas con la ciudadanía) pidió al Órgano Superior de Auditoría y Fiscalización Gubernamental (Osafig) que realizara una auditoría a la Universidad de Colima, del periodo que va de 2014 a 2018, toda vez que al legislador le “preocupa” que la institución educativa no haya ejercido adecuadamente los recursos públicos suministrados por el gobierno del Estado.

La moción no debería causar aristas de ningún tipo si tuviera como objetivo real velar por el buen destino de los recursos que provienen del pueblo, el problema es que estas aristas se levantan cuando se hace evidente el uso faccioso del poder para auditar a ciertos organismos o servidores públicos y para pasar indiferentes a otros. Por ejemplo: pese a las denuncias que ha habido a nivel nacional sobre el mal uso que ha hecho la súper-delegada Indira Vizcaíno con respecto a los recursos destinados a los programas sociales de nuestra entidad, el diputado local se ha hecho nada más como que la virgen le habla, tal como también ha obviado las acusaciones que se le hicieron a la súper-delegada con respecto a sus presumibles actos anticipados de campaña, específicamente por lo sucedido durante la pasada entrada de la música en Cuauhtémoc.

Sin embargo, con relación a la Universidad de Colima, resulta que el diputado local sí muestra una preocupación excesiva, tan es así que hasta pidió la intervención de la Osafig. Para evitar confusiones, es necesario advertirle a la ciudadanía que en ésta como en muchas otras ocasiones (la del salario que nunca se redujo) esta preocupación del diputado local no sólo no es genuina, sino que además responde a intereses perversos que buscan desestabilizar a nuestra alma máter, sobre todo porque los tiempos por venir así parece que lo imponen.

Estos intereses perversos responden a una lógica de control de poder y, por desfortuna, no a una lógica por realmente buscar el bienestar común. Como se sabe, desde la llegada de una parte de la fracción de Morena al Congreso del Estado, fracción de la que forma parte el mismo Vladimir Parra, quien es seguido por algunos ex universitarios adversarios de la gestión rectoral actual, entre ellos el propio ex líder sindical Leonardo Gutiérrez, se supo que más tarde que temprano se orquestarían intentos de desestabilización en contra de nuestra máxima casa de estudios.

Subyugados por el delirio de querer secuestrar a la institución educativa más importante del Estado con el fin de usarla para sus fines políticos, este grupo buscará por todos los medios (como ya lo empezamos a ver) causar daños pero no para generar mejoras, sino para luego intentar erigirse como los salvadores de una institución en la que nada tienen que hacer porque, la verdad sea dicha, ni la conocen ni la quieren de verdad. Si al diputado Vladimir Parra le preocupara tanto la transparencia, entonces habría transparentado desde un principio que nunca terminó la carrera universitaria que dijo que había terminado. No, señores, la Universidad de Colima no es una piñata a la que hay que arrimársele nada más para darle de palos: es una institución conformada por una comunidad fuerte, unida, constituida por muchos hombres y mujeres capaces, entregados a una pasión, comprometidos con su labor de construir una sociedad mejor, así que en lugar de andar buscándole tres pies al gato, lo que realmente debería hacer el diputado Vladimir Parra y todo el Congreso local es coadyuvar a que nuestra máxima casa de estudios tenga cada vez más financiamiento para investigación, para cobertura, para infraestructura, etcétera, porque en estos tiempos aciagos no tenemos más remedio que apostar todas nuestras cartas a la única vía que puede realmente transformarnos de verdad como sociedad: la educación. Cada vez, pues, que alguien tenga un interés sobre nuestra casa de estudios, deberá cerciorarse de que sea bienintencionado, de lo contrario  no faltará el universitario que tome la tribuna para evidenciar, como en este caso, lo contrario.