LA EDUCACIÓN COLIMENSE Y EL CORONAVIRUS: ESTO APENAS EMPIEZA

PARACAÍDAS

ROGELIO GUEDEA

 

 

Como si se tratara de una catástrofe inevitable, nuestro país se va acerando poco a poco al grado más crítico de la pandemia del coronavirus, incluso en aquellos estados (como el de Colima) que tomaron acertadamente sus previsiones antes de que fueran así tomadas por el gobierno federal. Pese a esto, como he dicho, la inminencia de la crisis sanitaria no tiene vuelta de hoja.

Es lamentable que así sea, pero así es. Según la última conferencia ofrecida por el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, la realidad del coronavirus en nuestro país es ocho veces más de lo que se ve, o sea que de acuerdo con esta ecuación ya deben de andar sobre 26 mil los infectados con el virus. Yo pienso, incluso, que es poco, y más porque no parece que la medida del aislamiento social (por lo blanda que ha sido contra aquellos que pueden cumplirla y por lo poco benéfica que ha sido para los millones de mexicanos que no pueden dejar de trabajar porque viven al día) esté siendo para nada efectiva, de tal modo que la espiral de infectados causará estragos inimaginables en nuestra sociedad, lo que va a representar una pérdida importante de vidas y una caída económica sin precedentes.

Uno de los sectores, aparte del económico, que podría marcar el fiel de la balanza para la contención de esta crisis sanitaria es el sector educativo, desde el nivel básico hasta el medio superior y superior, quienes ya deben estar ciertos de que esta pandemia no terminará el 30 de abril, ni en mayo ni en junio, y tendrán que buscar todos los mecanismos posibles para poder darle continuidad a la educación sin exponer a una grandísima población involucrada en ello, tanto la estudiantil como la docente, pero también la de procesos administrativos, servicios  y demás áreas similares.

La Universidad de Colima, por ejemplo, que desde un principio tomó decisiones muy sensatas para salvaguardar la salud de su comunidad y suspendió a tiempo la mayor parte de sus actividades (incluso las docentes), ha empezado a implementar un plan para hacer frente a esta crisis y está pensando en la alternativa tecnológica (la educación a distancia y asistida tecnológicamente), para poder darle continuidad a su enseñanza. Con un población de alrededor de 24 mil estudiantes y de más de cuatro mil trabajadores, nuestra máxima casa de estudios estaría prácticamente contribuyendo a la crisis sanitaria de no tomar estas previsiones.

Por eso, es de notar la sensibilidad del rector José Eduardo Hernández Nava y de todo su equipo de trabajo para responder, pese a las adversidades, de la forma más pertinente posible a esta crisis, protegiendo así a su comunidad. Lo mismo parece que está haciendo también la Secretaria de Educación en Colima, pero todavía no con mucha claridad puesto que las decisiones dependen del organismo federal y no parece que, a la fecha, éste esté enviando decisiones contundentes sobre la forma en que se le dará conclusión a este ciclo escolar, aun sabiendo que esta pandemia va para largo en nuestro país y sería muy irresponsable mandar de regreso a las aulas a la población infantil con el riesgo de crear un contagio masivo. La vía de la educación a distancia no tendrá que discutirse mucho ante un escenario tan apocalíptico (y tan real) como el que ya tenemos frente a nosotros.

Ya casi vamos sobre la mitad de abril y esto apenas, apenas empieza. La educación no tendrá que detenerse, es cierto, pero tendrán que tomarse decisiones sensatas (aun cuando sean tachas de individualistas y extremistas) para evitar que la catástrofe sea mayor.