Cuarto informe de Nacho Peralta: el principio del fin

PARACAÍDAS

Rogelio Guedea

Hace unos días rindió su Cuarto Informe de gobierno el gobernador Nacho Peralta. Este Cuarto Informe, más allá de los yerros y de los aciertos de su gestión, marca una impronta: el principio del final de su administración. Nada de aquí en adelante (él lo sabe, su partido lo sabe, los otros partidos lo saben, la sociedad lo sabe) será igual que antes. Si en los tres primeros años de su gobierno no logró consolidar un equipo que lo ayudara a resolver las problemáticas más importantes de nuestra entidad (seguridad y finanzas, principalmente, y lo que éstas ocasionan: desempleo, poca inversión, etc), no será entonces en estos dos últimos años cuando lo pueda conseguir, lamentablemente.

Y no lo podrá hacer no por falta de ganas (que no dudo que las tenga el mandatario), sino por un puñado de múltiples razones que van desde lo adverso que le resulta el gobierno federal hasta el desánimo que empieza a mostrar la mayoría de los miembros de su gabinete y de su propio partido. Hay noticias palpables, incluso, de que muchos de sus funcionarios de primer y segundo nivel ya andan moviéndose por su cuenta y en busca de beneficiar sus propios intereses, así que esto se hará sentir en la fortaleza de su propio liderazgo. Si a esto agregamos que, como he dicho, el gobierno federal (que no es de su misma filiación partidista) le es adverso y que la mayoría de los gobiernos municipales también, la premonición de un posible naufragio no es para nada impensable.

También es importante decir, sin ser apocalípticos ni maniqueos, que el flagelo de la violencia en nuestra entidad se recrudeció visiblemente con la llegada del nuevo gobierno federal, en una nueva dinámica de disputa por el control del territorio no vista antes, con lo cual hay que ser responsables en no culpar de esta terrible espiral de violencia sólo al gobierno de Nacho Peralta, pues tampoco nos ha quedado muy claro cuál es el rol y qué está pasando con la guardia nacional, que al menos en lo local ha brillado prácticamente por su ausencia. De los gobiernos municipales tampoco sabemos mucho al respecto y la pregunta que se nos impone es sobre qué están realmente haciendo para contener este tsunami de sangre.

En cualquier caso, la debilidad del liderazgo del mandatario estatal, causada por este principio del fin de su administración, hará aguas en su embarcación y no creo que esto pueda dar una vuelta de timón en las elecciones de 2021, donde parece que habrá una disputa dura por la gubernatura, para la cual ya están enlistados nombres como el de Locho Morán, Jorge Luis Preciado, Virgilio Mendoza, Indira Vizcaíno y Claudia Yáñez, por nombrar a los más visibles. Como puede verse, en el mismo PRI no ha despuntado una figura fuerte, un adalid cuya presencia sobresalga en la percepción ciudadana, y esto es algo que al PRI debería (ya a estas alturas) empezarle a preocupar.

Tan no hay una figura priista fuerte que se ha hablado de que el gobernador Nacho Peralta piensa en alianzas con Morena o con el mismo PAN a fin de propiciar para sí mismo una salida tersa, pues supongo que él no le ve tampoco ninguna posibilidad de triunfo a su partido, pero ¿de veras esto será así? Como no creo que Morena vaya a soltar las riendas tan fácilmente, pese al mal trabajo que han hecho sus diputados y ediles en lo local, entonces habrá que pensar en un plan B inteligente que pueda ayudar a mejorar la percepción ciudadana en lo que resta de la administración nachoperaltista. Yo sé que a pocos priistas no les importará que el barco se hunda mientras ellos se salven, pero ¿qué tal si el mar que está allá afuera es más fuerte que sus ganas de nadar?